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En Buenos Aires, la bella y la ruin en la misma cuadra, una librería no puede ser, de ninguna manera, sólo una librería. Tiene que ser, en todo caso, una casa de palabras extrañas.

Se trataba de otra cosa: de crear un espacio, un ámbito, un clima, una manera de estar. Nacimos exactamente hace quince años con libros leídos, nunca pudimos decirles usados, que tenían cada uno de ellos un criterio estético: eran los libros que nos gustaba leer a nosotros.

Quienes visitaron Librosref, en sus inicios, en diciembre del 2010, percibieron que entraban a una biblioteca personal, exquisita, que por fin se abría para los demás. No se encontraba allí ningún libro que desentonara, que mirara para otro lado.

Pasó el tiempo. Comenzaron a llegar libros nuevos de editoriales pequeñas. Brindamos. Llegaron las amigas y los amigos, las poetas de la noche y los escritores consagrados. Volvimos a brindar. Tiramos alguna pared, cambiamos estantes. Omar desde las alturas indicaba el camino. Llegaron las editoriales más grandes. Y buscamos crecer sin perder el espíritu, que es la manera en que en nuestro barrio llamamos a la intimidad en estado de leve jolgorio.

Mas que una librería, para mucha gente -quienes construyen de una u otra manera la cultura de Buenos Aires- es el sitio preferido de la ciudad. Una condición poética porque es entre buenos libros que puede sentirse aquello que decía don Edgard Bayley, que es infinita esta riqueza abandonada.

Un estilo buscamos. Y un estilo, decía uno de los nuestros, es crear en la propia lengua una lengua extranjera. Una librería en la ciudad de las librerías tenía que tener las paredes pintadas de azul mexicano, unos sillones cómodos, Nick Cave en el fondo de la tarde acompañando el libro anhelado.

Un despertar, de eso debía tratarse Librosref. De eso se sigue tratando.




LA REFERENCIA ES EL AZUL.